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El Arte de ser CRIADOR:

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EL VERDADERO CRIADOR NO ES QUIEN VIVE DE SUS PERROS, ES QUIEN VIVE PARA SUS PERROS.

En el día a día se le dice “criador” a toda aquella persona que cruza dos perros y tiene cachorros, no importa bajo qué circunstancias lo hizo y con qué finalidad: con pedigree, sin pedigree, por diversión, por dinero, por tener un verdadero interés, con esfuerzo, sin esfuerzo, bien, mal, etc.

Sin embargo el verdadero oficio del criador de perros dista cientos de kilómetros del “productor de cachorros” y del “vende perros”, y también se diferencia de aquel que cruza por considerarlo divertido o un mero hobbie para pasar el rato.

Y es que el verdadero criador se ofende con la sola idea de que su trabajo con una raza sea interpretado por la mayoría solo como una finalidad económica. ¿Quién vende más caro? ¿Quién vende más rápido?¿Quién vende más? Son preguntas que, de solo escucharlas, indignan a un criador, quien sin negar que sí existe una parte económica en la crianza de perros y que los perros de raza no se van a regalar, se cansa de aclarar por todos los medios que no se trata de un mero negocio y que los cachorros no son ningún tipo de mercancía o producto; que criar perros es arte y que para hacerlo hay que tener vocación, pasión y absoluto compromiso.

El criador a la larga entiende que si quiere seguir incursionando en la crianza debe renunciar al tipo de vida de una persona normal. Los perros son su Norte, y su vida se armará y desarrollará en post de los perros. Criar perros es “un estilo de vida” y no es para cualquiera. Comprometerse al 100% con tal actividad terminará implicando sacrificios que no todos están dispuestos a hacer, y terminará mostrando que no es nada fácil y que las dificultades y problemas son muchos. Sin embargo, esto no representa ninguna duda para el verdadero criador, quien sin pensarlo dos veces se lanza por el sinuoso camino de la crianza impulsado por la verdadera vocación y el amor ciego y absoluto por lo que hace.

El criador armará “un estilo de vida” que si él mismo pudiese ver desde afuera, con los ojos “de una persona normal”, consideraría una locura poco común y ocurrente. Todo en su vida girará alrededor de la labor de criar: aquello que haga más cómodo su trabajo o mejore la calidad de vida de sus perros, terminará siendo su prioridad. El criador buscará a diestra y siniestra el espacio para sus perros, y que se aleje de aquellos vecinos que odian a los animales. El criador terminará optando por un vehículo que se adapte a sus perros, y si no lo consigue, lo verán desarmar el auto que tiene para que sea más cómodo y entren más perros. El criador se terminará rodeando de amigos y familiares que no lo juzguen por su locura, su pareja deberá amar a los perros tanto como él o, tarde o temprano, saldrá de su vida, pues entre la espada y la pared: el criador siempre elige a sus perros.

No hay nada peor en la vida de un criador que todo aquello que amenace contra la salud de sus perros. No importa si es solucionable o pasajero, el simple hecho de que algo esté afectando a sus animales bastará para arruinar su día o su semana, aplastar sus ganas y generar mucho estrés y angustia. Ni hablar de aquellas enfermedades o accidentes que se llevan a sus perros, pues sin discusiones: para el criador perder a un perro es como perder a un amigo o a un familiar. El criador tendrá más miedo de la enfermedad que padece uno de sus perros, que la que pueda padecer él mismo como persona; y si la padece, le preocupará más quién cuide de sus perros en su ausencia que su propia recuperación.

Tras años de crianza el verdadero criador recita el estándar de la raza como el padre nuestro, comprendiendo absolutamente cada tecnicismo del mismo. Conoce la historia de la raza que está criando y su desarrollo; conoce las diferentes líneas de sangre en su país y en el resto del mundo, con sus pro y sus contra; entiende que hay diferentes interpretaciones del estándar de la raza; se arma de conocimientos sobre genética y reproducción; tiene una idea fija en su cabeza sobre cuál es su ideal de perro y por qué, y aunque fracase cientos de veces y se pierda en el intento, seguirá buscando ese perro ideal; aprenderá a ser autocrítico, pues reconocer los detalles de la línea con la cual está trabajando es la única forma de mejorarla, y valorar las virtudes es la única forma de conservarlas.

Pero lo más importante es que el criador nunca dejará de aprender: luego de vivir todo tipo de experiencias, buenas y malas, asume que nunca lo sabrá todo, que siempre se presentarán cosas que no esperaba, que no podrá seguir a rajatabla sus planes de cría, que nunca sabrá más que un veterinario a pesar de conocer sobre su raza detalles que ni el mismo veterinario conoce, y que mantener la mente abierta a nuevos conocimientos lo hará ser un mejor criador.

La forma de distinguir a un buen criador es preguntarle sobre uno de sus perros. Bastará con tirar un pequeño hilo de conversación para que el criador se tome las horas que sean necesarias para explicar: por qué existe ese perro, que representa su tercera, quinta o sexta generación. Relatará la minuciosa selección que hizo con sus padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y demás, te dirá cuánto fracasó, y con qué cosas se quedó. Recitará nombres de perros en todos los idiomas (aunque algunos no sepa ni cómo hablarlos). Y podrá decirte, al final de cuentas, de dónde piensa que proviene cada uno de los detalles que conforman al perro que él mismo crió y que lleva su afijo: desde la punta de las orejas hasta la punta de la cola.

Hay una certera frase que marca la rotunda diferencia entre un criador y un “vende perros” o “productor de cachorros”:

EL VERDADERO CRIADOR NO ES QUIEN VIVE DE SUS PERROS, ES QUIEN VIVE PARA SUS PERROS.

El “vende perros” o “productor de cachorros” nunca entenderá al criador, pues a pesar de compartir las consecuencias de vivir con tantos perros, ve la crianza canina como un mero negocio. Solo piensa en minimizar los costos y maximizar las ventas, mezquinando en todo lo que sea posible, criando solo aquellas razas de moda y de fácil venta.
El vende perros venderá cachorros al mejor postor, donde haya dinero, él dará cachorros; entregándolos a la menor edad posible para ahorrarse la mayor cantidad de gastos y trabajo en cuidarlos.
El vende perros suele tener muchas hembras (que desaparecen del criadero apenas salen de su edad reproductiva) y un solo macho con el que cruza a todas ellas; reducen gastos exageradamente y hasta algunos tienen en deplorables condiciones a sus perros; no se pasa por su cabeza hacer gastos como pagar un buen servicio o adquirir una hembra de calidad; buscan producir cantidad de cachorros a costa de todo, incluso de cruzar a sus perras en celos reiterados y hasta que estas ya no les sirvan más. El vende perros perdura mientras la venta de esa raza le sea rentable.
Y a la larga, odia aquel trabajo como el que odia ir todos los días a una oficina. Pues “producir cachorros” se vuelve arduo para el que solo piensa en sacar dinero sin tener vocación de criador, ya que es sabido que ningún vende perros es millonario y el esfuerzo, de cualquier forma, es muy grande para una ganancia que se vuelve trivial frente a la exagerada cantidad de gastos que se tiene (aun mezquinando) y el trabajo sin descanso ni vacaciones que conlleva.

 

El verdadero criador no niega que existe una parte económica y tiene que lidiar con ello. No puede regalar los perros que con tanto esfuerza cría, ya que su trabajo de crianza tiene sus costos y la calidad de sus perros no llegó sola ni gratis. Sin embargo parece vivir endeudado o al margen de la quiebra por invertir todas sus ganancias en sus perros y su crianza. Pero sin remordimiento alguno y con mucha felicidad, asume que el principal gasto siempre será para mejorar la calidad de vida de sus perros y la calidad de su crianza.

 

Una vez que el criador asume que su vocación es la crianza de perros, ya no puede volver atrás.
Y si le es fácil dejarlo, entonces nunca fue un verdadero criador.
Pues… el criador muchas veces pensará ¿para qué hago esto?; quizá todavía juzgando su modo de vida respecto del estándar de vida normal, sin embargo en el fondo siempre sabe que lo seguirá haciendo. No podrá permanecer mucho tiempo en inactividad, y si lo hace, la ansiedad no lo abandonará jamás. No hay remedio que cure su loca pasión con los perros. Incluso si la circunstancia lo obliga a dejar la crianza, en el fondo sabrá que perdió lo más importante y mucho le costará conformarse con otro estilo de vida.

Marüina Jones.
Mountain Wolves Kennel.

El criador es el lazo entre el pasado y el futuro: 

Cintando las palabras de la reconocida criadora de la raza Doberman, PEGGY ADAMS, resumimos parte de nuestra filosofía de crianza.

DIFERENCIAS ENTRE UN CRIADOR, UN PRODUCTOR DE CACHORROS Y UN VENDEDOR DE PERROS.

Por Peggy Adams

Un criador honrado es como un jefe de familia. Se siente responsable hacia la Raza, hacia los perros que cría, los perros que desea criar e, inclusive, hacia la gente que tiene perros de su creación. Pierde su tiempo y su dinero en una variedad de asuntos que él considera son del mejor interés para la Raza.

Es la conciencia de responsabilidad, combinada con el sentido de continuidad, lo que marca la diferencia entre un criador verdadero y un productor de cachorros.


El criador es un artista, motivado por una perfección llevada a crear.


Los productores de cachorros y los vendedores de perros están motivados por el deseo de hacer dinero. Estos últimos muestran su verdadera cara vendiendo cachorros como mercadería en un mostrador a cualquiera que pueda pagar su precio.

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El criador es el lazo entre el pasado y el futuro. Debido a que es consciente que el propietario de su cachorro, puede ser el criador de mañana, hace lo mejor por educar a la gente que se lleva sus perros y por inculcarles los ideales y valores sobre los que construyó su reputación.

Que afortunado es el propietario novato que adquiere su primer perro con un criador honrado.

Mientras los productores de cachorros pueden vender lechigadas enteras a cualquiera, el criador insiste en contactos directos con los que comprarán su perro y vende solo después de tener una idea cuidadosa del posible propietario para asegurar la conveniencia mutua tanto del perro como del futuro dueño.

Aunque no siempre se lo aprecia por completo hasta después de adquirir un perro, esta idea obtenida por el criador es la mayor protección que un propietario puede tener.

El productor de cachorros y el vendedor de perros son a menudo grandes vendedores. Nunca hacen preguntas, su única preocupación es vender perros y quitárselos de encima lo antes posible para evitar gastos y trabajo. Su interés termina cuando la venta está realizada.

La actitud de un criador es muy distinta. Aunque el costo para mantener correctamente sus perros le cause noches de insomnio y preocupaciones, nunca dejará un solo cachorro o perro viejo irse a una casa que no sea igual o mejor que la que él le brinda.

Incluso cuando el perro sea entregado, la ayuda y el consejo del criador no terminan sino que se continúan a través de la vida del perro, una responsabilidad aceptada alegremente por él sin esperar ningún tipo de recompensa.

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